La hoja de cálculo que lo sostiene todo
Una persona lo sabe, nadie más lo toca y todos tienen miedo de que se rompa.
No te falta tecnología. Te falta que las piezas encajen y que alguien responda de ellas.
Durante veinte años, la única manera de tener software propio era contratar un equipo o un proveedor que lo mantuviera. Para una empresa mediana, eso significaba pagar una estructura permanente para una necesidad que no es permanente.
El resultado es lo que vemos cada semana: piezas compradas por separado, alguien que las hace convivir a mano, y un conocimiento que vive en la cabeza de una sola persona.
Nosotros trabajamos con otra premisa: el sistema es tuyo, está documentado y alguien responde de él. Si un día nos vamos, no te llevas un agujero negro.
Una persona lo sabe, nadie más lo toca y todos tienen miedo de que se rompa.
Facturas, almacén y ventas no se hablan. Alguien hace de puente a mano cada día.
Funciona, pero hace años que nadie lo toca y no hay quien pueda tocarlo.
Cada cambio legal es una urgencia y una factura que no habías previsto.
Te cambia el precio o desaparece. Y lo que es tuyo no lo es.
No vendemos licencias y desaparecemos. No hacemos migraciones que te dejan peor. No te decimos que todo está bien cuando lo que hay es un parche que aguantará seis meses.
Si tu problema no lo podemos resolver, lo decimos y te decimos quién creemos que puede.